Mientras me hundía más profundamente, pude sentir como el agua entraba de golpe por mi nariz y mi garganta, llenando mis pulmones y entonces vi todo negro.
Miles de escenas pasaron en un minuto por mi mente... y ahí estaba, la luz, aquella que dicen que se ve al final del túnel oscuro. Un miedo enorme se apoderó de mi mientras la luz se hacía más intensa. Por mi mente pasó el pensamiento fatal: estaba muerta.
Me sentía flotar, no escuchaba ni un solo ruido. La luz se acercaba cada vez más rápido y ya la tenía sobre mí cuando vi su rostro. Sus ojos abiertos desmesuradamente y la presión de sus manos entrelazadas sobre mi pecho, dándole masaje al corazón para reanimarlo.
-¿Qué pasó? -le pregunté con una voz entrecortada.
-¿No recuerdas nada?
-Sólo recuerdo haber caído desde el borde del cenote.
-¡Sí! ¡Eso pasó! Te resbalaste y caíste.
Sin embargo pude notar un gesto de preocupación en su rostro que en ese momento asimilé como miedo a que yo me hubiera muerto.
De regreso a Mérida, yo hablaba sin parar de la experiencia. Le conté lo que vi, lo que sentí al estar frente a la luz. Él sólo asentía con la cabeza y no decía palabra alguna.
-Ya, ¡dí algo! -le dije tocándole la mano que en ese momento tenía sobre la palanca de velocidades.
-Es que... me dio mucho miedo que te hubieras ahogado.
-¡Pero no pasó! ¡Aquí estoy junto a tí! ¡Mira! -me miró y una lágrima le rodaba sobre la mejilla izquierda -Gracias a tí es que estoy viva, si no te hubieras lanzado al cenote a sacarme y si no me hubieras dado primeros auxilios, no lo estaría contando.
No pudo más y soltó en llanto.
-¡Es que yo te empujé! -Me gritó en la cara- ¡Me dijiste que no sabías nadar, pero no te creí! Pensé que estabas bromeando. ¡Yo te empujé!¡Perdóname!
En ese momento lo recordé todo. Recordé que pasó por mí al medio día y que fuimos a las afueras de la ciudad a visitar una hacienda. Que nos adentramos al monte de los terrenos de la hacienda y que a lo lejos vimos el cenote. Que al acercarnos me tomó de la cintura y me giró hacia él para besarme, pero como yo lo consideraba sólo un amigo, lo rechacé empujándolo y haciéndole hincapié en que no echaría a perder nuestra amistad por un beso.
Y recordé que en un impulso, rabioso de que no pudiera verlo como algo más que sólo amigos, me empujó al cenote mientras yo, con cara de terror y tratando de aferrarme de su mano o de lo que pudiera en ese momento, caía gritando que no sabía nadar.
Me quedé callada. Faltaban 20 minutos para llegar a mi casa. En esos 20 minutos no dije una sola palabra. Sabía que había sido un accidente, pero no podía perdonar su actitud al decirle que no. Noté que mi amigo tenía un carácter muy explosivo y que podría dañarme si continuaba a su lado. El incidente había dañado nuestra amistad.
-Por favor, perdóname. No se que me pasó.
-Yo creo que es mejor que no nos veamos por un tiempo, y te recomiendo que hagas algo con tu
carácter. Puedes dañar seriamente a alguna persona, así como lo hiciste conmigo. No seas tan
impulsivo.
Bajó la cabeza y se metió a su auto. Arrancó y se alejó a toda velocidad...
Miles de escenas pasaron en un minuto por mi mente... y ahí estaba, la luz, aquella que dicen que se ve al final del túnel oscuro. Un miedo enorme se apoderó de mi mientras la luz se hacía más intensa. Por mi mente pasó el pensamiento fatal: estaba muerta.
Me sentía flotar, no escuchaba ni un solo ruido. La luz se acercaba cada vez más rápido y ya la tenía sobre mí cuando vi su rostro. Sus ojos abiertos desmesuradamente y la presión de sus manos entrelazadas sobre mi pecho, dándole masaje al corazón para reanimarlo.
-¿Qué pasó? -le pregunté con una voz entrecortada.
-¿No recuerdas nada?
-Sólo recuerdo haber caído desde el borde del cenote.
-¡Sí! ¡Eso pasó! Te resbalaste y caíste.
Sin embargo pude notar un gesto de preocupación en su rostro que en ese momento asimilé como miedo a que yo me hubiera muerto.
De regreso a Mérida, yo hablaba sin parar de la experiencia. Le conté lo que vi, lo que sentí al estar frente a la luz. Él sólo asentía con la cabeza y no decía palabra alguna.
-Ya, ¡dí algo! -le dije tocándole la mano que en ese momento tenía sobre la palanca de velocidades.
-Es que... me dio mucho miedo que te hubieras ahogado.
-¡Pero no pasó! ¡Aquí estoy junto a tí! ¡Mira! -me miró y una lágrima le rodaba sobre la mejilla izquierda -Gracias a tí es que estoy viva, si no te hubieras lanzado al cenote a sacarme y si no me hubieras dado primeros auxilios, no lo estaría contando.
No pudo más y soltó en llanto.
-¡Es que yo te empujé! -Me gritó en la cara- ¡Me dijiste que no sabías nadar, pero no te creí! Pensé que estabas bromeando. ¡Yo te empujé!¡Perdóname!
En ese momento lo recordé todo. Recordé que pasó por mí al medio día y que fuimos a las afueras de la ciudad a visitar una hacienda. Que nos adentramos al monte de los terrenos de la hacienda y que a lo lejos vimos el cenote. Que al acercarnos me tomó de la cintura y me giró hacia él para besarme, pero como yo lo consideraba sólo un amigo, lo rechacé empujándolo y haciéndole hincapié en que no echaría a perder nuestra amistad por un beso.
Y recordé que en un impulso, rabioso de que no pudiera verlo como algo más que sólo amigos, me empujó al cenote mientras yo, con cara de terror y tratando de aferrarme de su mano o de lo que pudiera en ese momento, caía gritando que no sabía nadar.
Me quedé callada. Faltaban 20 minutos para llegar a mi casa. En esos 20 minutos no dije una sola palabra. Sabía que había sido un accidente, pero no podía perdonar su actitud al decirle que no. Noté que mi amigo tenía un carácter muy explosivo y que podría dañarme si continuaba a su lado. El incidente había dañado nuestra amistad.
-Por favor, perdóname. No se que me pasó.
-Yo creo que es mejor que no nos veamos por un tiempo, y te recomiendo que hagas algo con tu
carácter. Puedes dañar seriamente a alguna persona, así como lo hiciste conmigo. No seas tan
impulsivo.
Bajó la cabeza y se metió a su auto. Arrancó y se alejó a toda velocidad...

Esto sucedio? o fue una combinación de ficción y realidad?
ResponderEliminarTarararan! You'll never know... :)
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