Lo mire dormir plácidamente. En un momento se movió a su izquierda e impulsado por algún tipo de fuerza y sin abrir los ojos, pasó su brazo debajo de mi nuca y con el otro se aferró a mi cintura.
Parecía como si no quisiera que me escapara de la cama, como si ya supiera mis pensamientos.
Anoche todo era confusión. Mis lágrimas y mi llanto no cesaban. Me preguntaba cómo era posible que queriendo tanto a alguien puedas lastimarlo de la manera en la que él me estaba lastimando. Por fin confesó lo que yo tanto me temía, por fin aceptó su infidelidad. De no haber sido por sus lágrimas y sus palabras de amor, yo hubiera creído que su confesión estaba llena de cinismo. A lo mejor lo estaba haciendo así y en mi compasión por verlo abatido confundí sus verdaderas intenciones.
Ya amanecía cuando llegábamos a la casa. Seguía pidiendo perdón pero al mismo tiempo me decía que si quería dejarlo, lo entendería. Pero me dio miedo dejarlo ir y lo perdoné.
Se movió de nuevo, esta vez hacia la izquierda, dándome la espalda. Traté de cerrar los ojos y dormir, pero miles de pensamientos se agolpaban en mi cabeza y no pude hacerlo, como había sucedido durante las horas en las que él había estado durmiendo.
Entonces al verlo así, dándome la espalda, un pensamiento se apoderó de mí. Me levanté con cuidado para no despertarlo y me dirigí a la cocina. Lo seguía mirando mientras tomaba un cuchillo. Me acerqué lentamente pensando en lo que iba a hacer, con ira lo imaginé tocándola, besándola, haciéndole el amor como lo hacía conmigo… mi corazón ya latía desmesuradamente. Un sudor frío comenzó a brotar en mi frente y yo no podía dejar de pensar en enterrarle el cuchillo hasta el fondo, entre pulmón y pulmón y hacerlo morir de una vez.
Entonces mi celular sonó. Era mi madre preocupada por no saber nada de mí en casi 24 horas. Puse el cuchillo sobre la mesa y después de balbucear algunas palabras me despedí diciendo que ya regresaba con ella, que dejara de preocuparse.
El timbre del celular lo despertó, se sentó en la cama y me pidió ir junto a el. Me rodeó la cintura, puso su cabeza en mi vientre y los pensamientos en mi mente se disiparon… maldita sea… en otra ocasión consumaré mi venganza.
Parecía como si no quisiera que me escapara de la cama, como si ya supiera mis pensamientos.
Anoche todo era confusión. Mis lágrimas y mi llanto no cesaban. Me preguntaba cómo era posible que queriendo tanto a alguien puedas lastimarlo de la manera en la que él me estaba lastimando. Por fin confesó lo que yo tanto me temía, por fin aceptó su infidelidad. De no haber sido por sus lágrimas y sus palabras de amor, yo hubiera creído que su confesión estaba llena de cinismo. A lo mejor lo estaba haciendo así y en mi compasión por verlo abatido confundí sus verdaderas intenciones.
Ya amanecía cuando llegábamos a la casa. Seguía pidiendo perdón pero al mismo tiempo me decía que si quería dejarlo, lo entendería. Pero me dio miedo dejarlo ir y lo perdoné.
Se movió de nuevo, esta vez hacia la izquierda, dándome la espalda. Traté de cerrar los ojos y dormir, pero miles de pensamientos se agolpaban en mi cabeza y no pude hacerlo, como había sucedido durante las horas en las que él había estado durmiendo.
Entonces al verlo así, dándome la espalda, un pensamiento se apoderó de mí. Me levanté con cuidado para no despertarlo y me dirigí a la cocina. Lo seguía mirando mientras tomaba un cuchillo. Me acerqué lentamente pensando en lo que iba a hacer, con ira lo imaginé tocándola, besándola, haciéndole el amor como lo hacía conmigo… mi corazón ya latía desmesuradamente. Un sudor frío comenzó a brotar en mi frente y yo no podía dejar de pensar en enterrarle el cuchillo hasta el fondo, entre pulmón y pulmón y hacerlo morir de una vez.
Entonces mi celular sonó. Era mi madre preocupada por no saber nada de mí en casi 24 horas. Puse el cuchillo sobre la mesa y después de balbucear algunas palabras me despedí diciendo que ya regresaba con ella, que dejara de preocuparse.
El timbre del celular lo despertó, se sentó en la cama y me pidió ir junto a el. Me rodeó la cintura, puso su cabeza en mi vientre y los pensamientos en mi mente se disiparon… maldita sea… en otra ocasión consumaré mi venganza.

fuerte tu relato, te espera una vida muy dificil, despues de eso ya nada es igual, lo del cuchillo es una locura, estas de acuerdo? si vas a vivir atormentada mejor alejate de el.
ResponderEliminarMmm lo del cuchillo solo fue un poquito de sal para el relato, en realidad no pienso hacerle daño a nadie y menos matar a alguien! Lo demas si fue real, pero ya esta superado.
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